PRADO


PRADO

Recojo mi cuerpo en azufre
como un búfalo o un pájaro
maniatado: envuelvo mis plumas
una a una
en homenaje a la comodidad
del veneno.
Arraiga el olor de la tierra o
el olor de la tristeza
en mis rodillas
y retuerzo el color de la herida
para observar el dolor en la quietud:
festival cotidiano para no despertar.
No se altera el pulso
si se deshojan las flores
al frío de mi aliento
y apoyo, en el descanso del ahorcado,
la cabeza sobre mi estómago.
Mientras mis venas atraviesan la tierra,
la suave brisa recorre los prados.
Esta fotografía es una colaboración con
Alejandra Marquerie, escritora del poema
que acompaña la imagen.
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